Oración a Nuestra Señora del Carmen

Monseñor Ramón Ángel Jara

¡Oh, Virgen Santísima del Carmen!
Llenos de la más tierna confianza
como hijos que acuden al corazón de su madre,
nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de misericordia
que con tanta solicitud nos has siempre dispensado.
Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios
que Dios ha concedido a nuestra Patria,
ha sido señalarte a Ti por nuestra especial Abogada,
Protectora y Reina.

Por eso a Ti clamamos en todos nuestros peligros y necesidades
seguros de ser benignamente escuchados.
Tú eres la Madre de la Divina Gracia,
conserva puras nuestras almas;
eres la Torre poderosa de David,
defiende el honor y la libertad de nuestra Nación;
eres el refugio de los pecadores,
troncha las cadenas de los esclavos del error y del vicio;
eres el consuelo de los afligidos,
socorre a las viudas, a los huérfanos y desvalidos;
eres el auxilio de los cristianos,
conserva nuestra fe y protege a nuestra Iglesia,
en especial a sus Obispos, sacerdotes y religiosos.

Desde el trono de tu gloria atiende a nuestras súplicas,
¡oh, Madre del Carmelo!
Abre tu manto y cubre con él a esta República de Chile,
de cuya bandera Tú eres la estrella luminosa.
Te pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces;
la paz y piedad para los matrimonios y familias;
el santo temor de Dios para los maestros;
la inocencia para los niños;
y para la juventud, una cristiana educación.

Aparta de nuestras ciudades los terremotos, incendios y epidemias;
aleja de nuestros mares las tormentas,
y da la abundancia a nuestros campos y montañas.
Sé el escudo de nuestros guerreros,
el faro de nuestros marinos
y el amparo de los ausentes y viajeros.
Sé el remedio de los enfermos,
la fortaleza de las almas atribuladas,
la protectora especial de los moribundos
y la redentora de las almas del Purgatorio.

¡Óyenos, pues, Reina y Madre Clementísima!
Y haz que viviendo unidos en la vida
por la confesión de una misma fe
y la práctica de un mismo amor
al Corazón Divino de Jesús,
podamos ser trasladados de esta patria terrenal
a la patria inmortal del cielo,
en que te alabaremos y bendeciremos
por los siglos de los siglos. Amén.

¡Virgen del Carmen Reina de Chile,
salva a tu pueblo que clama a ti!
(se repite tres veces)